Las mujeres en la
actualidad exigimos igualdad en los espacios de trabajo y nos escandalizamos
frente al acoso sexual, vamos a la universidad y nos enfurece que se ponga en
duda nuestras capacidades intelectuales, pero un buen día nos damos cuenta de
que gran parte de la población femenina ve las instituciones educativas como el
lugar ideal para encontrar marido.
De igual modo,
proclamamos nuestro derecho a ejercer libremente la sexualidad hasta que
empezamos a sentirnos “usadas” o “no tomadas en serio” o, peor aún, hasta que
otra hace lo mismo y se convierte automáticamente en una “cualquiera”. En la
Ciudad de México hemos ganado el derecho a decidir si queremos o no continuar
un embarazo.
Dentro de la
familia se ha combatido la violencia y el machismo por todos los medios
posibles, desde programas de televisión dedicados exclusivamente a adoctrinar
amas de casa en pro de sus derechos, grupos y líneas de ayuda las 24 horas,
hasta nuevas legislaciones que amenazan a los maridos golpeadores hasta con
seis años de cárcel. Es verdad que muchas mujeres siguen siendo sometidas con
agresiones y que se trata de un problema social que a todos debe preocuparnos.
Las feministas y
los grupos de activistas señalan como parte del abuso y la opresión masculina,
la larguísima lista de feminicidios que en ciudades como Juárez permanecen
impunes.
Sin embargo, el 8
de marzo llega la comparación con el pasado y sobre todo, con la situación de
millones de mujeres orientales que viven completamente sometidas a sus maridos.
Y entonces se celebra todo lo que hemos logrado, nos horrorizamos de las
atrocidades que aún se cometen en ciertas partes del mundo en contra de las
mujeres.
http://www.cialc.unam.mx/pensamientoycultura/biblioteca%20virtual/diccionario/feminismo.htm
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